El duelo duele

Cuando la vida nos obliga a afrontar una pérdida viene el doloroso proceso de duelo, una reacción psicológica, el dolor emocional que se siente cuando se pierde lo que hemos considerado nuestro. SE afecta todo el ser desde su dimensión psicológica, física, espiritual, social.

Es un proceso normal que exige adaptarse a la nueva realidad, permitiendo una transformación en mejores personas. Un proceso que evoluciona a través del tiempo y el espacio, que es íntimo por cuanto cada persona lo vive a su manera y activo dado que para salir del proceso se debe realizar un intenso trabajo.

El negarse a aceptar y por tanto trabajar el duelo, puede complicar más el proceso, es importante buscar acompañamiento profesional, buena compañía, conversar y ser bien escuchados.

La forma en que se transita por el proceso de duelo tiene que ver con la personalidad del sufriente, la forma cómo se vivieron duelos en la niñez, el nivel de apego con respecto a lo perdido, las características de la muerte, si hubo participación en el cuidado durante la enfermedad, la disponibilidad de recursos internos y externos.

El duelo dura lo que dura, un proceso largo, agotador y molesto. Un camino emocional intenso.

Las emociones presentes como la tristeza, e enfado, la culpa, ansiedad, soledad, deben gestionarse con inteligencia. Reconocer que se presentan situaciones como dejar de dormir, no querer comer o comer en demasía, querer evitar los recuerdos, buscar y llamar en voz alta a quien ya no podrá responder, apegarse a los objetos, entre otras, resulta parte del proceso. Igual pasa con sentirse con vacio en el estomago, opresión en el pecho, hipersensibilidad al ruido, debilidad muscular, falta de energía. Esas ganas de llorar que no se van… bienvenido el llanto.

En cuanto al proceso se habla de fases o etapas, básicamente el estado de shock en el que se entra una vez conocida la noticia, pasarán unos días donde no se puede creer lo sucedido y de pronto se empieza a aceptar que es real, y se empieza a sentir el dolor del duelo por un tiempo que no puede ser determinado, hasta que un día de pronto se empieza de nuevo a sonreír y se está listo para generar un proyecto de vida renovado.

Transitar el duelo tiene que ver con aceptar la realidad de la pérdida, experimentar el dolor de la pena, adaptarse a un mundo donde el ser especial ya no está presente, continuar la vida sin la compañía de la persona fallecida, permitirse ser acompañados y apoyados por profesionales conocedores de la Tanatología.

No está de más recordar que el doliente tiene derecho a hacer el Duelo por su ser querido, a su propio ritmo, a manifestar su dolor y expresar sus sentimientos, a darle sentido propio a la pérdida, a realizar rituales y ceremonias que le permitan honrar la memoria de su ser querido.

Dra. Yaneth Rubio Pinilla.

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Sí después de la muerte renaciésemos como arboles, nuestro legado seria bosques llenos de vida, en vez de cementerios fríos de mármol y cemento.